
hasta lo mínimo que constituía una realidad, se convierte en el engaño constante: la viuda misma del género, o esa piel con diversidad en sal.
no. sigo mi camino en el reflejo de lo que proyecto. la distorsión soy yo, y lo claro se convierte en salud.
el equilibrio ya no es más una utopía, sino una realidad recurrente de la cual no me había percatado.